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Beato Francisco Marto

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Naci贸 en Aljustrel, F谩tima, el 11 de Junio de 1908. Fue bautizado el 20 de Junio de 1908. 

 

Cay贸 victima de la neumon铆a en Diciembre de 1918 y falleci贸 en Aljustrel a las 22 horas del d铆a 4 de Abril de 1919. 

 

Sus restos mortales quedaron sepultados en el cementerio parroquial de F谩tima hasta el d铆a 13 de marzo de 1952, fecha en que fueron trasladados para la Bas铆lica de Cova da Iria (lado derecho seg煤n se entra). 

 

Su gran preocupaci贸n era la de 鈥渃onsolar a Nuestro Se帽or鈥. El Esp铆ritu de amor y reparaci贸n para con Dios ofendido, fueron notables en su vida tan corta. Pasaba horas 鈥減ensando en Dios鈥. Seg煤n su historia, el peque帽o Francisco pasaba largas horas "pensando en Dios", por lo que siempre fue considerado como un contemplativo. 

 

Su precoz vocaci贸n de eremita fue reconocida en el decreto de heroicidad de virtudes, seg煤n el que despu茅s de las apariciones "se escond铆a detr谩s de los 谩rboles para rezar solo; otras veces sub铆a a los lugares m谩s elevados y solitarios y ah铆 se entregaba a la oraci贸n tan intensamente que no o铆a las voces de los que lo llamaban".

 

隆Si yo pudiera consolarle!

El 脕ngel, en tercera aparici贸n, dijo a los tres pastorcitos: Consolad a vuestro Dios. Estas palabras impresionaron vivamente a Francisco y orientaron toda su vida. S贸lo a 茅l Dios se dio a conocer muy triste, como dec铆a. Una noche, su padre lo oy贸 sollozar y le pregunt贸 por qu茅 lloraba; el hijo respondi贸: Pensaba en Jes煤s, que est谩 muy triste a causa de los pecados que se cometen contra 脡l.Quiso ser el Consolador de Jes煤s. Su pena era ver a Jes煤s ofendido; su ideal, consolarlo. Desde entonces hasta su muerte, vivir谩 movido por el 煤nico deseo -que expresa muy bien el modo pensar de los ni帽os- de consolar y dar alegr铆a a Jes煤s, y para esto har谩 todos los sacrificios que pueda.

 

Un d铆a de noviembre de 1917, su prima Lucia le pregunt贸: -驴Qu茅 es lo que m谩s te gusta: consolar a Nuestro Se帽or o convertir a los pecadores para que las almas no vayan al infierno? La respuesta de Francisco fue inmediata: -Si tuviera que elegir, preferir铆a consolar a Nuestro Se帽or. 驴No has advertido c贸mo la Sant铆sima Virgen, el mes 煤ltimo, se entristeci贸 mucho cuando nos pidi贸 que no se ofenda m谩s a Nuestro Se帽or, que es tan ofendido? Quisiera, primero, consolar a Nuestro Se帽or; pero, despu茅s, convertir a los pecadores para que no le ofendan m谩s.

 

La experiencia sobrenatural de haber sido testigo de apariciones produjo en 茅l una transformaci贸n ciertamente no com煤n en los ni帽os de su edad. Se entrega a una vida espiritual intensa, que se traduce en una oraci贸n asidua y ferviente y llega a una verdadera forma de uni贸n m铆stica con el Se帽or. Esto mismo lo lleva a una progresiva purificaci贸n del esp铆ritu, a trav茅s de la renuncia a los propios gustos e incluso a los juegos inocentes de los ni帽osHomil铆a de la Misa de Beatificaci贸n, 13 de mayo de 2000). (Juan Pablo II)

 

El rezo del rosario

El joven pastor nunca oy贸 las palabras de la Sant铆sima Virgen, como tampoco las del 脕ngel que se les apareci贸 previamente. La Se帽ora del cielo no le dirigi贸 la palabra directamente y ni siquiera tuvo, como Jacinta, el favor de o铆r ese son de voz tan acariciador. No o铆a, pero s铆 ve铆a. En las apariciones se queda un poco detr谩s de sus compa帽eras. Cuando Lucia le comunic贸 que Nuestra Se帽ora le hab铆a dicho que 茅l ir铆a al cielo, pero que tendr铆a que rezar antes muchos rosarios, rezumando de alegr铆a, dijo: 隆Sant铆sima Virgen, rezar茅 tantos rosarios como quieras! Su car谩cter reflexivo le llevaba a recordar a su hermana y a su prima el compromiso que ten铆an con el cielo de rezar y de mortificarse. Su celo era admirable y serv铆a de ejemplo a las dos chiquillas.

A partir de aquel momento, durante el resto de su vida -隆tan s贸lo dieciocho meses!- no dej贸 pasar ni un solo d铆a sin rezar el rosario. Estando ya enfermo, ni siquiera en los instantes en que la fiebre era muy alta se olvidaba de rezar su rosario. Sab铆a que era la plegaria preferida de la Se帽ora, que en su 煤ltima aparici贸n dijo a los videntes: Soy la Virgen del Rosario. Hab铆a d铆as que rezaba varios rosarios.

 

Con frecuencia ped铆a a su hermana o a su prima que le acompa帽aran en el rezo del rosario. Pero, con m谩s frecuencia, lo rezaba solo. Muchas veces, mientras Lucia y Jacinta jugaban, 茅l paseaba. -Francisco, 驴qu茅 haces?, le preguntaban. Por toda respuesta, elevaba los brazos para que vieran su rosario. -Ven a jugar ahora. Despu茅s rezaremos los tres, le dec铆an ellas. -驴Despu茅s?鈥 隆Ahora y despu茅s!鈥 Olvid谩is que la Se帽ora ha dicho que debo rezar mi rosario.

 

Durante su enfermedad alguna vez se lament贸 ante su madre que su debilidad no le permit铆a, en ciertos momentos, rezar los 15 misterios de una sola vez y poder ofrecer un rosario entero. Entonces Olimpia le ayudaba y le tranquilizaba dici茅ndole que la Virgen se contentaba con una plegaria mental, sin necesidad de pronunciar las palabras que le causaban tanta fatiga.

 

Jes煤s Escondido

De los tres ni帽os, Francisco  era el m谩s contemplativo y fue tal vez el que m谩s se distingui贸 en su amor reparador a Jes煤s en la Eucarist铆a. Ten铆a un amor muy grande al Sant铆simo Sacramento, a quien siempre se refer铆a llam谩ndole Jes煤s Escondido. Era capaz de pasar las horas junto al sagrario acompa帽ando y consolando al Se帽or.

 

En la tercera aparici贸n del 脕ngel, 茅ste dio la comuni贸n a los tres videntes. A Lucia le ofreci贸 la hostia, y a Jacinta y a Francisco, el c谩liz. Despu茅s de comulgar, el pastorcito de F谩tima dec铆a: Yo sent铆a que Dios estaba en m铆 pero no sab铆a como era.

 

Despu茅s de las apariciones, los dos hermanos Marto siguieron su vida normal. Su prima Lucia empez贸 a ir a la escuela tal como la Virgen se lo hab铆a pedido. Francisco y Jacinta iban tambi茅n para acompa帽arla. Cuando acud铆an al colegio, pasaban primero por la iglesia para saludar al Se帽or. Al acercarse la hora del comienzo de las clases, Francisco, conociendo que no habr铆a de vivir mucho en la tierra, le dec铆a a Lucia: Id vosotras al colegio, yo me quedar茅 aqu铆 con Jes煤s Escondido. 驴Qu茅 provecho me har谩 aprender a leer si pronto estar茅 en el Cielo?Dicho esto, el peque帽o se iba tan cerca como era posible del sagrario.

 

Estando ya enfermo, le dec铆a a su prima cuando iba a verlo a su casa camino de la escuela: Mira: vete a la iglesia y da muchos recuerdos m铆os a Jes煤s Escondido. De lo que tengo m谩s pena es de no poder ir ya a estar un rato con Jes煤s Escondido.

 

En otra ocasi贸n le dijo: -Lucia, pide t煤 tambi茅n que el Se帽or me perdone. -S铆, se lo pedir茅 -respondi贸 su prima-. Pero si Nuestro Se帽or no te hubiera perdonado, Nuestra Se帽ora no le habr铆a dicho a Jacinta, el otro d铆a, que vendr铆a muy pronto para llevarte al Para铆so. Ahora ir茅 a misa y pedir茅 por ti a Jes煤s Escondido. Dicho esto, se dispon铆a a salir de la habitaci贸n, cuando Francisco le hizo otro ruego: -Oye. Pide al p谩rroco que me d茅 la comuni贸n. Despu茅s de aceptar el encargo con un s铆, Lucia se fue a la iglesia. A su regreso, encontr贸 a Jacinta conversando con el moribundo. 脡ste enseguida le pregunt贸: -驴Has pedido como te encargu茅? -S铆. -En el cielo rogar茅 por ti.

 

Esp铆ritu de penitencia

En una de las apariciones la Virgen Mar铆a anunci贸 a los tres pastorcillos que habr铆an de sufrir mucho. Francisco entendi贸 este mensaje como una verdadera vocaci贸n que compromet铆a toda su vida, que le llev贸 a ofrecer alegremente penosas mortificaciones, como ayunar el d铆a entero por haber dado su comida a las ovejas o una familia pobre, o apretar con fuerza un cilicio de cuerda que se hab铆a puesto alrededor de la cintura. La cuerda-cilicio s贸lo se la quit贸 cuando la enfermedad le impidi贸 levantarse. Un d铆a que Lucia fue a visitarle se la entreg贸:T贸mala antes de que mi madre la vea; ahora ya no puedo llevarla.

 

Un buen d铆a, la madrina de Lucia hab铆a invitado a 茅sta y a sus primos Francisco y Jacinta a probar un hidromiel que hab铆a preparado. Ofreci贸 en primer lugar al chico, pero 茅ste pas贸 el vaso a su hermana. Bebed, bebed vosotras primero, dijo.Mientras Jacinta y Lucia tomaban la dulce bebida, Francisco desapareci贸 furtivamente, por miedo a tener que beber ante la insistencia de que as铆 lo hiciera la buena mujer. M谩s tarde, las dos chicas le encontraron detr谩s del pozoy le dijeron: -No has bebido hidromiel. La madrina te ha llamado varias veces y t煤 no te has dejado ver. Y con toda sencillez, el chico explic贸: Cuando cog铆 el vaso, cre铆 que era bueno hacer ese sacrificio para consolar a Nuestro Se帽or, y vine aqu铆.

 

Tambi茅n supo ofrecer las molestias de las muchas personas que iban a visitarle. Normalmente, los peregrinos que iban a rezar al lugar de las apariciones quer铆an verle, y Olimpia les dejaba entrar en la habitaci贸n. Algunos se quedaban mucho tiempo junto a la cama del enfermo. Y todos dec铆an: No s茅 lo que emana Francisco, pero uno se siente mejor junto a 茅l. M谩s tarde, 茅l dir谩: 驴El Se帽or est谩 siempre tan triste? 隆Sufro tanto al verle tan afligido! Le ofrezco todos los sacrificios que puedo. Jam谩s volver茅 a huir de los visitantes: esto ser谩 un sacrificio m谩s.

 

Alma delicada

La delicadeza de conciencia de Francisco, ya grande, fue perfeccion谩ndose como consecuencia de las apariciones. M谩s que nada 茅l quer铆a ofrecer su vida para aliviar al Se帽or, que lo hab铆a visto tan triste, tan ofendido. Incluso sus ansias de ir al cielo fueron motivadas 煤nicamente por el deseo de poder mejor consolar a Dios. Con firme prop贸sito de hacer aquello que agradase a Dios, evitaba cualquier especie de pecado y, con siete a帽os de edad, comenz贸 a frecuentar el sacramento de la Penitencia.

 

Tanto 茅l como su hermana fueron muy d贸ciles a los preceptos del Se帽or y a las palabras de la Sant铆sima Virgen Mar铆a. Progresaron constantemente en el camino de la santidad y, en breve tiempo, alcanzaron una gran y s贸lida perfecci贸n cristiana. Al saber por la Virgen que sus vidas iban a ser breves, pasaban los d铆as en ardiente expectativa de entrar en el cielo. Y de hecho, su espera no se prolong贸.

 

Francisco sent铆a verdadero horror por la mentira. En uno de los interrogatorios a que fueron sometidos los peque帽os videntes, le preguntaron a su prima si la Virgen les hab铆a pedido que rezasen por los pecadores. Lucia contest贸: no. El peque帽o pastor de F谩tima pens贸 que la respuesta hab铆a sido una mentira, y acerc谩ndose a la chica, le dijo: -驴C贸mo puedes decir que la Se帽ora no nos hab铆a pedido que pidi茅ramos por los pecadores?鈥 Acabas de mentir鈥 Lucia, con serenidad le aclar贸: -No nos ha pedido que oremos por los pecadores鈥 Acu茅rdate鈥 Nos ha pedido que oremos por la paz, con el fin de que la guerra termine; en lo que se refiere a los pecadores, s贸lo nos ha pedido que hagamos sacrificios. Con un suspiro de alivio, el muchacho dijo: Es verdad; tienes raz贸n鈥 Cre铆 que hab铆as mentido.

 

Una ma帽ana en que su salud se hab铆a agravado, mand贸 avisar a Lucia por medio de su hermana Teresa. Cuando su prima lleg贸, rog贸 a su madre y a sus hermanos que salieran de la habitaci贸n para hablar a solas con Lucia. Una vez que estuvieron solos, le dijo: Hoy debo confesarme para comulgar y despu茅s morir. Quiero que me digas si me has visto hacer alg煤n pecado y despu茅s que le preguntes a Jacinta si me ha visto cometer alguno. Lucia, con toda naturalidad, le record贸: Algunas veces has desobedecido a tu madre cuando ella te ped铆as que te quedaras en casa: te escapabas para venir a buscarme o para esconderte. Francisco asinti贸: Es verdad. He hecho eso. Ahora ve a buscar a Jacinta y preg煤ntale si se acuerda de algo.

 

Jacinta despu茅s de pensar un breve momento, respondi贸 a Lucia: Dile que el d铆a que la Virgen se nos apareci贸 cogi贸 a padre diez cuartos para comprarse una arm贸nica. Y tambi茅n que cuando los muchachos de Aljustrel tiraban piedras a los de Boleiros 茅l tambi茅n ha tirado algunas. Lucia le dijo todo lo que hab铆a recordado su hermana. Entonces, el peque帽o moribundo manifest贸: Esos pecados ya me los he confesado. Pero me los confesar茅 de nuevo. Acaso sean causa de que el Se帽or est茅 triste. Pero aunque no fuera a morir no los volver铆a a cometer. Ahora estoy muy arrepentido. Y uniendo las manos, recit贸 la plegaria:Jes煤s, perd贸nanos nuestros pecados鈥

 

Enfermedad

En la segunda aparici贸n, la Virgen anunci贸 que pronto se llevar铆a a Jacinta y a Francisco al cielo y que Lucia deb铆a permanecer en la tierra muchos a帽os: t煤 te quedar谩s aqu铆 alg煤n tiempo m谩s. Jes煤s quiere servirse de ti para darme a conocer y amar.

 

Apenas hab铆a transcurrido un a帽o desde la 煤ltima aparici贸n de la Se帽ora cuando Francisco cay贸 gravemente enfermo. Una terrible epidemia de gripe asol贸 toda Europa, siendo Portugal una de las naciones m谩s castigadas. La mortandad fue muy elevada. La gripe provoc贸 en el peque帽o una violenta neumon铆a.  Soport贸 los grandes sufrimientos de la enfermedad que lo llev贸 a la muerte, sin quejarse nunca. Todo le parec铆a poco para consolar a Jes煤s; muri贸 con una sonrisa en los labios. En el peque帽o Francisco era grande el deseo de reparar las ofensas de los pecadores, esforz谩ndose por ser bueno y ofreciendo sacrificios y oraciones (Juan Pablo II, Homil铆a de la Misa de Beatificaci贸n, 13 de mayo de 2000).

 

Al principio de la enfermedad, alg煤n que otro d铆a, especialmente soleado, si se encontraba con fuerzas, Francisco se levantaba para dar un paseo. Entonces -siempre- dirig铆a sus pasos hacia Cova de Ir铆a.

 

Hacia finales de febrero de 1919, Francisco desmejor贸 visiblemente y del lecho que se vio postrado no volvi贸 a levantarse. Su estado se agravaba sin cesar. Perdi贸 el apetito, las fuerzas disminu铆an todos los d铆as. Sufri贸 con 铆ntima alegr铆a su enfermedad y sus grand铆simos dolores, en sacrificio a Dios. Una vez su prima le pregunt贸 si sufr铆a, y 茅l le respondi贸: Bastante. Me duele tanto la cabeza, pero no me importa. Quiero soportarlo y sufrir para consolar a Nuestro Se帽or. Adem谩s, en breve ir茅 al cielo.

 

En otra ocasi贸n, hab铆an acudido a verle Lucia y Jacinta. Hablaban los tres y, en un momento, Francisco les pidi贸 que hablaran menos fuerte porque la cabeza le dol铆a mucho. Entonces su hermana le dijo: Ofrece tu sufrimiento por los pecadores. El enfermo asinti贸: Ante todo, lo ofrezco para consolar a Nuestro Se帽or; despu茅s, para consolar a Nuestra Se帽ora, y luego lo ofrecer茅 por los pecadores y por el Papa.

 

Otro d铆a, estando ya la enfermedad muy avanzada, Lucia encontr贸 su primo muy contento, e incluso crey贸 advertir alg煤n s铆ntoma de mejor铆a en su salud, por lo que le dijo: T煤 est谩s mejor. Francisco no era de la misma opini贸n: No, me siento mucho peor. Ya me falta poco para ir al cielo. All铆 voy a consolar mucho a Nuestro Se帽or y a Nuestra Se帽ora. Jacinta va a pedir mucho por los pecadores, por el Santo Padre y por ti; y t煤 quedas aqu铆, porque Nuestra Se帽ora lo quiere. Mira: Haz todo lo que Ella te diga.

 

Muchos de los que le visitaban, para animarle, le dec铆an que en breve tiempo se curar铆a. Pero Francisco respond铆a invariablemente con un no, cuyo acento, mezclado de certeza y de misteriosa nostalgia, impresionaba mucho. Cuando su madrina se propuso hacer una promesa a la Virgen Mar铆a para obtener de Ella la curaci贸n, la disuadi贸: Es in煤til pensar en eso, madrina. 隆No obtendr谩 la gracia de la curaci贸n!

 

Muerte

Muri贸 sonriendo, sol铆a decir Manuel Pedro al referirse a la muerte de su hijo Francisco. Y el Postulador de la Causa de Beatificaci贸n, P. Kondor, comenta:驴C贸mo no hab铆a de sonre铆r delante de la muerte, si ten铆a la certeza de ir al cielo? As铆 se lo hab铆a prometido la blanca Se帽ora vestida de luz en la primera y segunda apariciones, y pocos d铆as antes de su muerte.

 

El 2 de abril, su estado era tal que Olimpia crey贸 conveniente llamar al p谩rroco de Aljustrel para que confesara a su hijo. El sacerdote, don Manuel Marques Ferreira, oy贸 la confesi贸n del peque帽o moribundo y le prometi贸 volver al d铆a siguiente con Jes煤s Escondido para que hiciera la primera comuni贸n, que ser铆a tambi茅n el vi谩tico. Francisco se llen贸 de alegr铆a. Su temor de morir sin haber recibido al Se帽or desapareci贸. Esa misma tarde pide a su madre que le dejara vivir el ayuno para recibir la comuni贸n y ofrecer ese 煤ltimo sacrificio por los pecadores.

 

El d铆a 3, cuando el p谩rroco entr贸 en su habitaci贸n con la Hostia Santa, el peque帽o vidente quiso sentarse en la cama para recibir con m谩s respeto la sagrada comuni贸n, pero no se lo permitieron. Con gran lucidez de esp铆ritu y piedad comulg贸. Despu茅s de haber recibido al Se帽or estaba deslumbrante de gozo. Apenas hubo salido el sacerdote de la habitaci贸n pregunt贸 a su madre si no pod铆a volver a comulgar nuevamente.

 

Francisco era consciente de que estaba pr贸xima la hora de su muerte. Lucia y Jacinta hab铆an acudido a despedirse. Pasa casi todo el d铆a a su lado. El chico pide que recen en voz alta el rosario, en su lugar, pues 茅l ya no puede hacerlo. Tambi茅n Francisco les habla de su muerte: Voy a irme al cielo. Pero una vez all铆, pedir茅 con fuerza a Jes煤s que os lleve con 脡l, muy pronto, al Para铆so. Su prima, al o铆r estas palabras, le dice: -Me pregunto si te acordar谩s de m铆 cuando est茅s cerca de Jes煤s y de Mar铆a, que son tan hermosos. -Quiz谩s tengas raz贸n. Puede ser que me olvide.

 

Y su hermana Jacinta, muy apenada, le hace las 煤ltimas recomendaciones: Da muchos recuerdos a Nuestro Se帽or y a la Virgen. Diles que 鈥測o sufrir茅 cuanto ellos quieran鈥 por los pecadores y para reparar ante el Coraz贸n Inmaculado de Mar铆a.

 

Llegada la noche, las dos ni帽as tienen que irse. Lucia pregunta a su primo si desea algo todav铆a, y Francisco contesta: No. Olimpia no puede contener la emoci贸n y hace se帽as a su sobrina para que acorte la despedida. -Francisco, adi贸s鈥 Si vas al Para铆so esta noche, no nos olvides. 驴Has o铆do? -No, no os olvidar茅; pod茅is estar tranquilas. -Adi贸s, pues, hasta que nos volvamos a ver en el cielo. -Hasta el cielo鈥

 

En la madrugada del 4 de abril de 1919, despu茅s de pedir perd贸n a todos los que le rodeaban, particularmente a su madrina, por las penas que les pod铆a haber causado, dijo a su madre: Mira, madre, qu茅 hermosa luz, all铆, cerca de la puerta鈥 Y un momento despu茅s: Ahora ya no la veo. Y con una sonrisa angelical, sin agon铆a, sin un gemido, expir贸 dulcemente.